El Picu Urriellu, también conocido como Naranjo de Bulnes, es una montaña emblemática situada en los Picos de Europa, en la región de Asturias, al norte de España. Es una de las cumbres más icónicas y desafiantes de La Península, y su historia y belleza natural atraen a escaladores y amantes de la montaña de todo el mundo.
Se eleva a una altitud de 2,519 metros sobre el nivel del mar y destaca por que solo se puede llegar a su cumbre escalando. Su nombre proviene de una leyenda que cuenta que un pastor de la zona arrojó una manzana de la variedad "urriellu" desde la cima para demostrar la pendiente y dificultad de la montaña, y "urriellu" significa "manzana" en asturiano. También se le llama Naranjo de Bulnes por el color que tiene al caer el sol y su cercanía al aislado pueblo de Bulnes, pero no es su nombre original.
HISTORIA DEL PICU
La historia de la escalada en el Picu comienza cuando el Marqués de Villaviciosa, un entusiasta de la montaña y la escalada, se propuso el desafío de alcanzar su cumbre aún sin ascender, una montaña que en ese momento se consideraba inaccesible debido a su abrupta verticalidad y su falta de rutas establecidas. El Marqués de Villaviciosa reclutó a Gregorio Pérez, "el Cainejo", un valiente guía de montaña que conocía bien la región y había realizado ascensos en otras montañas de los Picos de Europa.
El 5 de agosto de 1904, Pidal y el Cainejo iniciaron su ascenso al Naranjo de Bulnes. No contaban con el equipo moderno ni las técnicas avanzadas de escalada que se utilizan hoy en día, por lo que su hazaña fue totalmente impresionante. En lugar de cuerdas y arneses modernos, utilizaron sogas y clavos que utilizaron para asegurarse mientras escalaban.
La ruta que eligieron es la que más metros de chimenea tiene, que era la forma de escalada que más se buscaba en la época porque les resultaba más fácil y menos expuesta, pero no es, ni mucho menos, la ruta más sencilla actualmente. Pasaron varias noches en pequeñas repisas en la pared de la montaña y soportaron condiciones climáticas adversas.
Después de varios días de esfuerzo extremo, el 8 de agosto de 1904, Pedro Pidal y el Cainejo finalmente alcanzaron la cima del Naranjo de Bulnes. Fue un momento histórico y un logro asombroso, considerado como una de las primeras ascensiones más importantes en la historia de la escalada en España.
Esta hazaña ayudó a establecer la reputación del Naranjo de Bulnes como una montaña desafiante y atrajo la atención de otros escaladores valientes. Hoy en día, la montaña cuenta con diversas rutas de escalada y es uno de los destinos más importantes para los escaladores en España y Europa.
Fue Gustav Schulze el que llevó a cabo la segunda ascensión al Urriellu el 1 de octubre de 1906, también por la cara norte. Esta fue la primera ascensión en solitario del pico y fue también el primero en usar clavijas para descender en rápel por la cara sur.
Durante el siglo XX se abrieron la mayoría de las vías del Picu: el 19 de agosto de 1924, Víctor Martínez abre una nueva ruta más sencilla y situada a la izquierda de la cara Sur, conocida como Vía Víctor. En 1955, Pedro Udaondo, Jaime Cepeda y María José Aldecoa, abren la primera vía de la cara este con la Cepeda y es en la primera primera ascensión que participaba una mujer. Y el 21 de agosto de 1962, Alberto Rabadá y Ernesto Navarro ascienden al PicU por primera vez a través de la difícil cara oeste, dejando la gran clásica Rabadá-Navarro.
ANTECEDENTES 8 CARAS
Cada vez es más frecuente encontrar cordadas que en busca de un desafío de magnitud se lanzan a la aventura de intentar escalar las 4 caras del Urriellu en el día, un esfuerzo que podría sacar a cualquiera de la zona de confort y poner al escalador en un cara a cara con sus propios límites.
Después de haberme dedicado, junto a Rafa Gómez, a competir en los Rallyes de Escalada 12 horas, siempre me había quedado una astillita clavada por querer transferir esas habilidades adquiridas a un proyecto como el de hacer muchas vías en el Urriellu. En los años de competición indagué mucho en mis propios límites físicos y psicológicos, y era consciente de que no saldría de mi umbral de lo conocido si me limitaba a conformarme con las 4 caras de esta montaña. Pero hacer el doble de vías era hablar de otra cosa, algo que no sabes si realmente es factible hasta que lo compruebas por ti mismo. Esta es la base de la que tiene que partir un proyecto para que me resulte atractivo.
Hace unos pocos meses, hablando con Alex González, con quien recientemente he comenzado a hacer cordada para nuestro Proyecto Patagonia (compartido también con Cristian García), de su boca salió el tema de escalar las ocho caras del Urriellu (4 caras x2 veces). Fue una sorpresa haber pensado lo mismo de manera independiente, y ahí fue cuando se comenzó a materializar este loco sueño.
Álex también ha competido en los Rallyes de Escalada a alto nivel, y tiene el perfil perfecto para unirse a él en cordada para esta actividad. Es un escalador sobresaliente que ya hizo las 4 caras con 16 años, un año después de haberlas intentado en solitario a sus precoces 15 años. Una tentativa que se quedó a las puertas de conseguir por una mala suerte con la niebla, lo que le hizo perder la orientación mientras escalaba la cara norte a pelo y a vista, con lo que terminó inexplicablemente saliendo por el agujero de la cara este. Él es de esos escaladores que nacen con la profesión por dentro y que están dotados de una capacidad fuera de lo común para desenvolverse con una soltura y facilidad fuera de lo común por el terreno de aventura.
8 CARAS
La semana del 22 de agosto, teníamos programada una actividad de entrenamiento para nuestro Proyecto Patagonia, pero por motivos personales Cristian tuvo que ausentarse de nuestro programa y nos quedamos nosotros dos. De modo que de un día para otro decidimos que las ocho caras serían nuestro plan “B”.
Sumando los metros que supondría escalar 8 vías diferentes en esta colosal montaña, las cuentas nos daban cuatro kilómetros de escalada (que de por sí, ya sólo pensar en hacerlos caminando puede dar pereza). Esta paliza necesita apoyarse en una buena logística que nos permita mantener las constantes vitales a lo largo de todas esas horas de esfuerzo mantenido, de modo que la tarde de antes subimos desde pandébano con cuerdas estáticas y comida como; plátanos, barritas, manzanas, huevos cocidos, etc. A parte de dos garrafas de 5 litros de agua que llenamos en el refugio. Escalamos la Directa de los Martinez y fijamos la cuerda estática en un lugar que no molestase a nadie para al día siguiente poder hacer todas las bajadas rapelando directamente sin necesidad de montar y desmontar rápeles ocho veces. La primera tara de nuestro plan surgió cuando nos equivocamos con las medidas de las cuerdas que trajimos, y en el último rápel se nos terminaba a mitad de la pared, con lo que había que andarse muy atento con el fin de cuerda, y una vez allí, destrepar a pelo los 50 metros del primer largo de la vía Nani. En el final de los rápeles dejamos el avituallamiento.
Nuestra jornada comenzó a las 04:00am de la madrugada. Comenzando por las vías de la cara oeste ya que queríamos escalar de mayor a menor complejidad. Para ir ligeros a penas llevábamos 20 cintas express ultraligeras, un juego de friends hasta el número 2 con el 0,5 y 1 repetidos, una cuerda doble de 8mm y 60m y 3 microtraxion para asegurar parte de los ensambles.
Comenzamos escalando los 4 primeros largos unidos, luego llegamos hasta el final de la gran travesía de otra tirada para hacer el rapel pendular, y en dos largos más llegamos a la cumbre con la sorpresa de que todavía era completamente de noche. Al mirar el cronómetro comprobamos que únicamente habíamos tardado 2h 22´ en resolver la primera escalada en plena oscuridad y orientándonos de memoria.
Aquello nos llenó de optimismo y nos hizo creer al 100% en el proyecto. Bajamos corriendo aún con el frontal encendido y comenzamos la Murciana antes de que le diese tiempo a nadie a ocuparla. En apenas dos largos estábamos a mitad de vía, y en un tercero llegamos a la cumbre. Para lograr estas tiradas tan largas con el poco material que llevábamos, teníamos que proteger mínimamente, asumiendo tiradas de 30 metros, y a veces más, sin proteger, coordinándonos mucho entre nosotros y confiando el uno en el otro a fe ciega, algo que se da por hecho con tu compañero si te metes en un proyecto así él. Navegábamos en un éxtasis de placer al poder concentrar todas nuestras capacidades en aquella arriesgada pero controlada escalada, estar unidos en cuerda y confianza era lo más perecido a ser uno, gestionando el terreno, improvisando las decisiones, haciendo apuestas sobre las tiradas que escalábamos sin proteger, y todo esto mientras manteníamos una velocidad elevada y sin interrupción. A penas nos veíamos durante la escalada porque estábamos separados a 60m el uno del otro, pero en todo momento sabíamos lo que estaba ocurriendo. En 2h 11´ nos juntábamos en la cumbre para acariciar la virgen. Momento en que parábamos el crono.
No nos podíamos creer que al primer intento nos estuvieran saliendo tan bien las cosas. Ya que íbamos con tiempo de sobra nos tomábamos con tranquilidad la bajada.
Una vez completadas las oestes nos fuimos con las nortes. Hicimos la Pidal Cainejo en un solo largo de 44´. Aquí adelantamos a un puñado de amables cordadas que sin dudar nos dieron paso mientras nos preguntaban de qué marca eran las zapatillas con las que escalábamos. Desde aquí agradecemos a todas las cordadas el buen rollo y la generosidad con que nos trataron.
El mayor limitante físico lo encontrábamos en el dolor de pies, por lo que prácticamente no volvimos a usar los pies de gato desde la mitad de la vía Murciana.
Luego entramos en la vía Pánico Terminal, una cara norte que nos había recomendado Victor Sánchez, resolviéndonos así la incógnita de qué vía usar como segunda norte. Resultó tener más aventura de la esperada. Tenía mucha roca descompuesta al principio y era prácticamente de autoprotección, y sólo nos habíamos cogido 5 friends. De modo que con mucho cuidado y casi sin proteger nos quitamos la primera parte de la ruta. No pudimos correr, tuvimos que priorizar la supervivencia. La segunda parte era un muro gigante y vertical con algunos buriles podridos muy alejados entre sí. De vez en cuando se podía poner un friend, eso sí, la roca de esta parte era segura y excelente, nos recordaba a la de Taghia. En algún momento sufrí el ir por estos largos en zapatillas pero Alex no decía ni mú. Después de 2h 10´ de gestionar con cuidado aquella vía con el margen de seguridad del que disponíamos, llegamos a la cumbre.
Hacía un calor infernal. No recordaba haber sudado nunca antes de aquella manera. Las garrafas se iban vaciando rápidamente. En los últimos 50 metros que teníamos de destrepe al terminarse la cuerda en los rápeles cada vez debíamos poner más atención, aquella zona no admitía errores… Llegábamos a hacer paradas de hasta 20 minutos para que se nos pasara el dolor de cabeza que nos estaba provocando el sol. Mientras aprovechábamos para recargar el agua de la cantimplora de un litro con la que escalábamos y llenarnos el estómago con algo de comida. Aquel calor arrancaba la motivación de cuajo.
Hicimos la Cepeda en 47´ mientras el cielo comenzaba a tronar. El ambiente se ponía cada vez más feo, y a la gente que nos encontrábamos queriendo bajar de la cumbre la desconcertábamos pasando tantas veces por allí. Mientras trataban de bajar nos preguntaron que si no nos achantaba la tormenta, y la realidad era que sí, pero por otro lado confiábamos en poder salir de allí como el correcaminos al menor indicio de electricidad.
En la siguiente este que nos fuimos a meter parecía que la nube que teníamos encima no estaba para tonterías, pero nos animamos a intentarlo aún sin la posibilidad de rapelar desde mitad de pared ya que con una sola cuerda no llegas a ningún lado. Éramos conscientes de que sin asumir ciertas situaciones, nuestro proyecto no era viable. Alex entró a la vía “Pájaro Loco” creyendo que estaba en espejismo de verano. Una vía cuyas escasas protecciones resultan ser unos buriles viejos y alejados con los pasos obligados. El primer seguro lo puso a 50m del suelo, y en el momento en que me tocó salir en ensamble se puso a llover con fuerza. La pared se calaba y el agua molestaba en los ojos al mirar para arriba. Alex pensaba en qué se me estaría pasando por la cabeza, y yo lo mismo de él. Pero lo cierto es que estábamos vendidos cada uno en una punta de la cuerda y no quedaba otra opción que tirar para arriba con lo que hubiera. No esperaba una escalada tan fina y técnica como la que obligaban estos largos, y pasamos un rato curioso subiendo por allí en zapatillas. Durante la escalada adelantamos a algunas cordadas que decidieron rapelar. Nos daban ánimos y llegamos a la cumbre mientras se tranquilizaba la atmósfera. Los truenos a veces se escuchaban más cerca y a veces más lejos. Las tormentas eléctricas son uno de mis mayores miedos por las situaciones que ya he vivido, y aquello me hacía estar en un estado de alerta continua.
Sólo nos faltaban dos sures, pero ya teníamos las piernas bien calentitas. Las hicimos en una media hora cada una desde la base hasta la virgen con las fuerzas que nos quedaban. Durante las últimas cumbres navegábamos en la incertidumbre que daba la posibilidad de que una tormenta repentina nos fastidiase los planes.
Sufríamos de temblores, visión borrosa, deshidratación, inanición y fatiga, pero nos motivamos el uno al otro y conseguimos la última cumbre a las 19:40 tras 15h 40´ de esfuerzo nonstop, con los honores de ser la primera cordada en proponer y realizar el reto soñado de las 8 caras al Urriellu.
NUESTRA RELACIÓN CON EL URRIELLU
El entorno del Urriellu es un lugar al que le dedicamos buena parte de nuestro tiempo, sobre todo en verano. Lejos de servir únicamente como el escenario perfecto para nuestras aventuras, también es la montaña a la que más horas de trabajo le dedicamos. La temporada se concentra en los meses de julio y agosto, coincidiendo con la época más calurosa del año. Esto hace que Picos de Europa se convierta en nuestro destino favorito para pasar estos días que tan duras condiciones guardan para prácticamente todo el territorio nacional. Aquí tenemos orientaciones sombrías, playa, buena comida, trabajo garantizado… lo que viene siendo la mejor vida que te puedes dar en esta época del año.
Generalmente, ocupamos la mayor parte del tiempo en nuestra faceta de guía, labor que tiene su parte de sacrificio y que castiga el cuerpo. Muchas de las noches las pasamos en la tienda de campaña a la altura del refugio, y lidiamos con lo que toque; lluvia, calor, bochorno, frío, tormentas eléctricas repentinas, incertidumbres ocasionales ante la posibilidad de cancelar una actividad por meteorología inestable…
El despertador suele sonar sobre las 04:00am, garantizando así no verse sorprendido por un cambio de tiempo repentino, masificaciones con sus caídas de piedras y un largo etc. Normalmente, nos amanece en mitad de la pared, lo que le ofrece a los clientes una de las vistas más impresionantes que probablemente hayan podido observar en la montaña. Pese al escozor del madrugón, ese momento hace que todo esfuerzo cobre sentido y que la experiencia se grabe en la retina y corazón al mismo tiempo, lo que convierte el día en un día auténtico y especial en el que sólo pueden salir expresiones de excitación y gratitud. Desde la cumbre, un característico extenso mar de nubes pone la guinda al día. Pese a lo físico del trabajo, la buena gente a la que acompañamos suele hacer de nuestra labor algo gratificante, pero a precio de luego tener que invertir en días de descanso.
Uno de las experiencias más grandes de las que hemos podido disfrutar en la montaña, casualmente también fue en la poderosa cara oeste de esta montaña. Dentro de la agenda de objetivos de nuestro Proyecto Patagonia, teníamos como uno de los objetivos top el encadenamiento del “Pilar del Cantábrico 8a+, 500m”, la que probablemente sea la ruta de acción y dificultad más emblemática y de las más conocidas de la pared. Un ambicioso objetivo que nos mantendría alerta y entrenados a todo el equipo “Triad wall” compuesto por Javi Guzmán, Álex González y Cristian García. Con el fin de sostener una motivación al nivel más elevado y obligarnos a entrenar duro, comenzamos a trabajar física, técnica y mentalmente para este objetivo de verano unos 4 meses antes del ataque.
Viajamos a la Oeste la última semana de junio. Con la ayuda del burro Aznar y su arriero Vicente subimos cargados con unos 130 kilos de material y provisiones para aguantar una semana allí arriba. Los primeros 2 días se los dedicamos a trabajar los primeros 3 largos de la vía (7b+, 8a y 8a+). Cada uno de nosotros le daba pegues de primero, con el objetivo de dejarse esos largos encadenados de primero y así cuando viniésemos desde abajo, no nos importase encadenarlos de segundo de cordada cuando nos tocase escalar en tope, ya que era impracticable la idea de escalar tres veces de primero cada largo en un ataque a cumbre.
Esta ruta es conocida por varias cosas. Lo primero por la dificultad técnica que supuso esta escalada para la época en la que se abrió. Tanto por la dificultad de la progresión en artificial como por la exposición y obligatoriedad de los largos de placa de la segunda parte de la pared. Años más tarde llegó su liberación, lo que le supuso el título de la vía de pared más dura del mundo en aquella época. Y finalmente terminó de saltar a la fama con el capítulo titulado “la ola perfecta” de Al Filo de lo Imposible, en el cual aparecen los célebres escaladores Iker Pou y Josune Bereziartu. Ya en aquella lejana época se hablaba de la tensión que se sentía en aquella ascensión debido a la precariedad de los seguros, los cuáles más de 20 años después siguen siendo los mismos.
Buena parte de la seguridad a la hora de escalar en libre esta vía, te la da el entrenamiento previo. Pues muy importante llegar en un estado de forma adecuado a parte por supuesto de sentirse en un muy buen momento psicológico y técnico. Nosotros siempre tenemos dificultades extra añadidas. Grabar la aventura supone un esfuerzo que merma mucho al equipo y que nos obliga a ir con fuerza extra de margen. Ya de por sí, el simple hecho de querer hacer todos los miembros del equipo de primero todos los largos duros, nos obliga a pasar en la pared muchas más horas de lo normal. Esto supone petatear mucho peso y montar un apretado campamento colgante para tres. Pero lo que más esfuerzo suma a todo el tejemaneje es el hecho de grabar toda la actividad. Siempre el que baja cansado de escalar tiene que ponerse a jumarear para grabar buenos planos desde arriba (previa instalación de la cuerda), el que estaba grabando baja a asegurar, y el que aseguraba se pone a escalar… No es el plan más cómodo del mundo, pero son los esfuerzos por los que tenemos que pasar si queremos grabar en condiciones una serie de escalada.
Después de dos días en la pared más otros dos de descanso en la playa, subimos a por todas. Entramos desde abajo encadenando la vía. A Alex se le atascó el 8a y se fatigó más de la cuenta. Cristian se atascó en el 8a+ al que luego se le unió Álex. Javi escaló de manera más efectiva pudiendo encadenar todos los largos y mientras Cristian y Álex trataban de resolver el Crux, Javi siguió encadenando los siguientes largos para ir adelantando trabajo mientras descansaban los demás. Apunto estuvieron pero se quedaron a las puertas del 8a+. Hora tras hora el cuerpo se iba agotando. Íbamos a despertarnos en la hamaca para comenzar el tercer día allí colgados y hubo que tomar la decisión de continuar porque ya no disponíamos de más fuerzas y tiempo. Al menos que uno de los tres le proporcionase un encadenamiento al equipo. El resto del pastel nos lo repartimos como buenos hermanos turnando los largos. Cristian progresó cómodamente sin complicarse demasiado y agarrándose a los seguros cuando se ponía más exigente, Alex si siguió luchando a pesar de que no iba encadenando, y Javi se siguió currando el encadenamiento de un largo detrás de otro hasta la cumbre.
Aquel fue un entrenamiento fantástico y todo un sueño de la infancia cumplido para Javi. Por suerte fueron dos los que no encadenaron, y quedó pendiente el volver juntos a terminar lo empezado.
La escalada se inventó para hacernos felices, es nuestra la decisión de acudir a la llamada de la montaña y coger todo eso nos que tiene reservado.
Patagonia , Argentina
Angola , Africa.
Cerdeña, Italia